Vuestras vidas silenciosas y humildes tienen que dar sabor a la existencia de los hombres
Porque en sus vidas falta: La sal de la fe, de la esperanza, del amor.
¡Le falta mucha sal a la existencia de los hombres!
En el mundo es imprescindible la sal de vuestro sacrificio, de vuestra consagración al Señor,
Para que no se corrompa; para que el mundo guste el sabor a Dios.
Vosotras dais sentido a la vida del hombre, en silencio, con la sencillez de vuestra pobreza,
con la humildad de vuestra obediencia, con la pureza de vuestra castidad.
Pero tenéis que morir al mundo, disolveros como la sal... Desaparecer.
Sólo al precio de vuestro sacrificio callado serán fecundas:
Vuestra fe, vuestra esperanza, vuestro amor; vuestra vida toda...
Y así seréis la sal de la tierra.