JESUCRISTO, LA SALVACIÓN QUE DIOS NOS DA Impresionante testimonio durante sus largos años de prisión de Mons. François-Xavier Nguyen Van Thuan, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz.
La oración, acción salvadora
Después de mi liberación, muchas personas me han dicho: “Padre, en la prisión usted ha tenido mucho tiempo para orar”. No es tan simple como se podría pensar. El Señor me ha permitido experimentar toda mi debilidad, mi fragilidad física y mental. El tiempo pasa lentamente en la prisión, particularmente durante el aislamiento. Imaginen una semana, un mes, dos meses de silencio... Son terriblemente largos, pero cuando se transforman en años se hacen una eternidad. Un proverbio vietnamita dice: «Un día en prisión es como mil otoños fuera». ¡Hay días en que, al extremo del cansancio, de la enfermedad, no logro recitar mi oración!
La oración en la prisión
Me preguntan: ¿cuáles son tus ,oraciones preferidas? Sinceramente amo mucho las oraciones breves y sencillas del Evangelio:
* «No tienen vino» (Jn 2, 3)
* «Magnificat ... » (Lc 1, 46?55)
* «Padre, perdónalos ... » (Lc 23, 34)
* «En tus manos encomiendo mi espíritu ... » (Lc 23, 46)
* «Que todos sean uno... tú, Padre, en mí» (Jn 7, 2 1)
* «Ten compasión de mí, que soy pecador» (Lc 18, 13)
* «Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42?43)
Como no pude llevar conmigo la Biblia a la cárcel, entonces recogí todos los pedacitos de papel que encontré y me hice una pequeña agenda y en ella escribí más de 300 frases del Evangelio, este Evangelio, reconstruido y reencontrado, ha sido mi vademécum diario, mi estuche precioso del cual saco fuerza y alimento mediante la lectio divina.
Me gusta hacer oración con la palabra de Dios completa, con las oraciones litúrgicas, los salmos y los cánticos. Amo mucho el canto gregoriano, que recuerdo de memoria en gran parte, ¡gracias a la formación del seminario estos cantos litúrgicos entraron profundamente en mi corazón! Luego, las oraciones en mi lengua nativa, que toda la familia ora cada tarde en la capilla familiar, oraciones conmovedoras que me recuerdan mi primera infancia. Sobre todo las tres avemarías y el Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que mi madre me enseño a recitar en la mañana y en la tarde.
Estuve nueve años en aislamiento, vigilado por dos guardias. Caminaba todo el día para evitar las enfermedades causadas por la inmovilidad, como la artrosis; me daba masajes, hacía ejercicios físicos... oraba con cantos como el Miserere, Te Deum, Veni Creator y el himno de los mártires Sanctorum meritis. Estos cantos de la Iglesia, inspirados en la Palabra de Dios, me comunicaban un gran ánimo para seguir a Jesús. Para apreciar estas bellísimas oraciones fue necesario experimentar la oscuridad de la cárcel y tomar conciencia de que nuestros sufrimientos se ofrecen por la fidelidad a la Iglesia. Esta unidad con Jesús, en comunión con el Santo Padre y toda la Iglesia, la siento de manera irresistible cuando repito durante el día: «Por El, con El y en El ... ».
“Iré a orar por usted”
Me viene a la mente la sencillísima oración de un comunista que primero fue un espía y después se hizo mi amigo. Antes de que él fuera liberado me prometió: «Mi casa dista tres kilómetros del Santuario de Nuestra Señora de Lavang. Iré allá a orar por usted». Yo creía en su amistad, pero dudaba que un comunista fuera a orar a la Santísima Virgen. Pero un día, quizá seis años después, en mi aislamiento, ¡recibí una carta suya! Escribió: «Querido amigo, te había prometido ir a orar por ti ante Nuestra Señora de Lavang. Lo hago cada domingo, si no llueve. Tomo mi bicicleta cuando oigo sonar la campana. La basílica está totalmente destruida por el bombardeo, por eso voy al monumento de la aparición que aún permanece intacto. Oro por ti así: Señora, no soy cristiano, no conozco las oraciones, te pido que des al señor Thuan lo que él desea». Estoy conmovido hasta el fondo de mi corazón; ciertamente, la Señora lo escuchará.
En el Evangelio, antes de realizar el milagro, antes de dar de comer a la gente hambrienta, Jesús, ora. Jesús quiere enseñarme: antes del trabajo pastoral, social, caritativo, es necesario orar.
Juan Pablo II les dice a ustedes: «Conversad con Jesús en la oración y en la escucha de la Palabra; gustad la alegría de la reconciliación en el sacramento de la Penitencia; recibid el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía... Descubriréis la verdad sobre vosotros mismos, la unidad interior y encontraréis al «Tú» que cura de las angustias de las preocupaciones, de aquel subjetivismo salvaje que no deja paz» (Mensaje para la XV Jornada Mundial de la Juventud, 1997 n. 3)
Ser mensajeros para anunciar el misterio, objeto de la fe, don del Espíritu Santo «Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios» (I Co 2, 4?5).
“Virgen no puedo orar”
El mensaje que transmitimos es el mensaje de Jesús, que constituye el corazón del mensaje confiado a la Iglesia. Somos «servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios...» (I Co 4,1?2). Pero ¿cómo realizar este ministerio? Cuando estuve completamente aislado en la cárcel por espacio de nueve años, especialmente cuando estuve asfixiado en una celda sin ventana, experimenté toda mi debilidad y toda mi miseria física y mental. No era capaz de hacer oración, mi sistema nervioso estaba arruinado. Entonces, cada día decía cientos de veces: «Ave María» poniéndolas en las manos de la Virgen. «Virgen, no puedo orar, acepta estas avemarías y distribúyelas a todos en la Iglesiasegún sus necesidades».
Jesús, presente en su Iglesia, a través de ella nos comunica su vida. Somos ministros de los sacramentos, cada uno a su manera, nos hace entrar y progresar en suvida ?hasta darnos el poder de realizar acciones que son suyas in persona Christi. Es el Espíritu Santo que, por los ministerios y carismas, guía y vivifica la Iglesia y la nueva evangelización, que es su obra propia. Es el Espíritu Santo quien continúa orando con gemidos inefables. Dios me enseñó a orar al Espíritu Santo a través de un policía comunista. .
Dios manda a un policía comunista que me ayuda a orar al Espíritu Santo.
“Veni Creator, en la prisión”
En una ocasión supe que un grupo de 20 jóvenes de la policía estudiaban latín con un ex catequista, para tener capacidad de comprender los documentos eclesiásticos. Uno de mis guardias pertenecía a este grupo; un día me pidió si podía enseñarle un canto en latín.
- Hay tantos y tan hermosos, le respondí.
- Usted cante y yo elijo, me propuso.
Canté Salve Regina, Veni Creator, Ave Maris Stella... ¿Pueden adivinar cuál canto eligió? El Veni Creator.
No puedo decir que conmovedor era oír cada mañana a un policía comunista bajar las escaleras de madera, hacia las 7, para ir a hacer gimnasia, y después lavarse cantando el Veni Creator en la prisión.
Cuando hay amor se siente el gozo y la paz, porque Jesús está en medio de nosotros. «Viste un solo un uniforme y habla una sola lengua: la caridad»
El Veni Creator cantado por este policía cada mañana era una gracia para mí, « ¡cómo es posible que el Señor mande un policía comunista a cantar para mí en la prisión! Es un bautismo en el Espíritu Santo, que me hace orar: Veni Sancte Spiritus, Veni Sante Spiritus, Veni Sante Spiritus ... ».
Este fuego de amor que nos trae el Espíritu Santo viene de Jesús, nuestra salvación, y cambió mi vida aislada, abandonada en la cárcel entre el odio y la venganza, en una vida llena de esperanza y de luz.
Instrumentos de Dios para la reconciliación y el perdón en el amor
En las montañas de Viñh Phú, en la prisión de Viñh Quang, un día lluvioso tuve que cortar leña. Pregunté al guardia:
- ¿Puedo pedirle un favor?
- ¿Qué es? Lo ayudaré.
- Quiero cortar un pedazo de madera en forma de cruz.
- ¿No sabe que está severamente prohibido tener cualquier signo religioso?
- Lo sé, pero somos amigos, y prometo esconderla.
- Sería extremadamente peligroso para nosotros dos.
- Cierre los ojos, lo voy a hacer ahora y seré muy cauto.
El se fue y me dejó solo. Corté la cruz y la tuve escondida en un pedazo de jabón hasta mi liberación. Con un marco de metal, este pedazo de madera llegó a ser mi cruz pectoral.
En otra prisión pedí un pedazo de alambre a mi guardia, quien ya se había hecho mi amigo. El, asustado, me dijo:
- He estudiado en la escuela de policía que si alguno quiere un alambre eléctrico significa que quiere suicidarse.
Le expliqué:
- Los sacerdotes católicos no se suicidan.
- Pero ¿qué va a hacer con un alambre eléctrico?
- Quiero hacer una cadenilla para colgar mi cruz
- ¿Cómo puede hacer una cadena con un alambre eléctrico? Es imposible.
- Si me trae unas pinzas pequeñas se lo mostraré.
- ¡Es muy peligroso!
- ¡Pero somos amigos!
Dudó y luego dijo:
-Le responderé en tres días.
“Comprender que se puede perdonar”
Después de tres días me dijo:
- Es difícil negarle a usted cualquier cosa. He pensado así: esta noche le traigo las pinzas pequeñas de, las 7 a las 11 y tenemos que terminar el trabajo en este tiempo. Dejaré ir a mi compañero a «Hanoi de noche». Si él nos viera tendríamos una denuncia peligrosa para los dos.
Cortamos el alambre en pedazos del tamaño de un fósforo, los engarzamos... y antes de las 11 la cadena ya estaba hecha. Esa cruz y esa cadena las llevo conmigo todos los días, no porque son un recuerdo de la prisión, sino porque indican una convicción mía profunda, son un constante reclamo para mí: sólo el amor cristiano puede cambiar los corazones, no las armas, las amenazas, los medios de comunicación.
Ha sido muy difícil para mis guardias comprender cómo se puede perdonar, amar a los enemigos, reconciliarse con ellos:
- ¿De veras nos ama?
- Sí, los amo sinceramente
- ¿A pesar de que le hacemos mal? ¿Aun sufriendo por haber estado tantos años en prisión sin habersido juzgado?
- Piensen en los años en que hemos vivido juntos. ¡Realmente los he amado!
- Cuando quede en libertad, ¿no mandará a los suyos a hacemos el mal, a nosotros o a nuestras familias?
- No, continuaré amándolos, aunque me quisieran matar.
- Pero, ¿porqué?
- Porque Jesús me ha enseñado a amarlos. Si no lo hiciera, no sería digno de ser llamado cristiano.
“Enjuga las lágrimas de tu pueblo”
Señor, aquí estamos reunidos tussacerdotes en oración. Como en el Cenáculo, sentirnos el amor maternal de la Virgen y el fuego ardiente del Espíritu Santo. Con tu ayuda, Señor, queremos afrontar, con espíritu renovado, los retos de la nueva evangelización. Nuestro Continente está siendo golpeado por el flagelo de la pobreza generalizada, la violencia, la corrupción, la inseguridad pública, elnarcotráfico que penetra en la vida completa de regiones, la explotación de la mujer y de los niños, la discriminación y marginación de los indígenas...
Señor, estamos aquí contigo. Queremos escuchar los gritos y gemidos de nuestro pueblo para ponerlos en nuestro cáliz de cada día y ofrecértelos en la Santa Misa. Señor, enjuga las lágrimas de tu pueblo y sana las heridas de su corazón. Queremos empeñarnos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, con un grato porvenir espiritual y social para nuestra patria y nuestro Continente. Así sea.
Este testimonio fue dado en el Retiro Internacional para Sacerdotes en Monterrey (México) en octubre de 1998